El vuelo de la mariposa monarca
- García B.

- 24 nov 2020
- 1 Min. de lectura
Cuando te conocí tenías el aspecto como del viento, libre sin que nadie pudiera tocarte; todos te
observaban y murmuraban que nadie podía detenerte. Más tú no te sentías así, esa jaula no se destruía ni con la energía de un huracán, ni el respirar con todo tu ser servía de aliento.
Te observe una noche caminando por una calle vacía, ahí todas tus tristezas dejaban rastro, el anhelo de huir y resurgir como mariposa se volvía cada vez más sincero, toda la angustia del dolor de tu corazón no era ni lo mínimo para salir adelante, cada sonrisa se convertía en tu tormento, tus alas fueron cortadas sin darte cuenta.
Mientras yo estaba hecha una con la marea y veía las conchas de mar ir y venir junto con rastros de polvo de hada tú andabas por ahí bailando con las ninfas y contando historias sobre los astros, donde tu corazón se restauraba poco a poco con el encanto de las risas. Deseaba conocerte y unirme más a ti pero la fuerza de tu libertad me derrumbo y me coloco en la parte más oscura y melancólica del cuarto, ahí fue donde entendí que nuestro destino era amarnos cómo el cuento que te encantaba leer por las noches, ese donde la luna y el sol se deseaban con la intensidad de mil y un cometas y no podían tenerse, así era mi amor por ti.
Y así es cómo te deje ir, a través de la libertad de elegir amarte o que fueras feliz.



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