Escritos que nunca compartí 2.0
- García B.

- 16 ago 2020
- 1 Min. de lectura
Tenía tanto que decir sobre él, quería redactar lo que me hacía sentir, pero solo me encontraba
llenando hojas de desastre y letras de amor.
Él no solía quedarse callado, retaba a todo mundo con la mirada e iba más allá de lo que podía
estar establecido; no lograba imaginar el cómo pudo interesarse en alguien tan diminuta, siendo él sinónimo de grandeza.
No se sentía como siempre lo veía: fuerte, decidido, atractivo, dominante, invierno en la playa, niño
con juguete nuevo, escritor en una película, comediante en un funeral, caja de sorpresa, pastel
de cumpleaños, todo lo que podía imaginar en una persona. Él sólo veía una rutina ante el
espejo, mientras yo lo admiraba como si fuera ese tipo de acertijo que el mundo no lograba entender y
lo abandonaba por el nivel de dificultad tan grande que tenía, como obra de arte abstracta que
todos observaban como un simple trazo y terminaba siendo el más hermoso paisaje; quizá lo
admiré en un tiempo que no era debido, en el tiempo que todos los grandes poetas hablaban,
cuando eres más joven, más torpe; más sincero. Pero es qué él era aquella persona que si se
merecía ser notado, pero principalmente querido por si mismo.



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